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divendres, 6 de juliol del 2012

Capitulo 7: El bosque encantado


Al salir de la niebla me percaté de que estaba lloviendo. Busqué un refugio para no mojarme, pero delante de mí sólo había una vasta llanura. Decidí ir en esa dirección, ya que a izquierda y derecha la tormenta se acercaba. Empecé a caminar hacia delante. El terreno estaba mojado por la lluvia y había barro húmedo y charcos traidores donde se te hundían los pies si no vigilabas donde los ponías. De un charco salía la mano de un cadáver. Un escalofrío me recorrió el cuerpo, y a partir de ese momento decidí ir con más cuidado.
Llevaba caminando mucho rato, una hora, quizás dos, hasta que vi una cosa extraña.
Un reflejo en el suelo. Me arrodille al suelo y cogí el objeto. Era un trozo de espejo.
Miré mi reflejo en él. La superficie brillante me devolvió el rostro de una chica joven, de pelo dorado, ojos gris perla y orejas puntiagudas. La primera imagen que me vino a la cabeza fue la de un elfo. Miré al reverso del espejo. Escrito detrás había:<<No te puedes esconder >> 
Noté como si se hubiera despertado algo dentro de mí, pero no me sentía extraña bajo esa nueva forma, sino que tenía la sensación de estar libre, como si hubiera estado encerrada y ahora me dejasen salir después de mucho tiempo.
Levanté la vista. Dónde antes había una extensión desierta, ahora había un gran bosque. Se me cayó el espejo al suelo y se rompió. Escruté las formas oscuras de los árboles. Sentía como si me llamara. Empecé a caminar hacia el bosque. Hacía un calor insoportable, ya que había dejado de llover.
Me dolía la cabeza de caminar tanto rato bajo el sol. Intenté aguantar un poco más, pero al final el calor me venció y caí al suelo. Lo único que pude recordar fueron unas manos que me recogían.

Me desperté cuando ya era de noche. Las copas de los árboles tapaban el cielo nocturno, solo dejando ver unas cuantas estrellas.
Me intenté mover, pero estaba fuertemente atada al tronco de un árbol.
Me revolví para intentarme desatar, pero las cuerdas estaban hechas de un material muy resistente. Vencida, dejé caer la cabeza, pero me encontré con unos ojos negros brillantes que me miraban fijamente.
-¡Ah!-grité-¿Quién eres tú?
Él ser al que pertenecian los ojos se limitó a ladear la cabeza, mirándome con curiosidad. De repente se apartó de un salto de mí y se fue corriendo, como si algo le hubiera asustado. Solo me pude fijar en su extraña piel verde i en el arco que llevaba colgado del hombro antes de que subiera a un árbol con increíble agilidad.
Un gruñido salió de detrás del árbol en el que estaba atada, asustándome. Me giré…y vi un enorme lobo negro que me miraba con sus peligrosos ojos dorados. Soltó un aullido que resonó por todo el bosque, haciéndome estremecer, y saltó encima de mí. Yo cerré los ojos, esperando el golpe final. Pero en lugar de eso escuché un ¡chak! y la sangre me salpico en la cara. Abrí los ojos y vi al lobo tumbado de lado, con una poderosa hacha clavada en la espalda.

divendres, 1 de juny del 2012

Capitulo 6: Sucesos extraños




De repente todo empezó a girar muy rápidamente. Solo veía sombras borrosas. Cerré los ojos para no marearme. La cabeza empezó a darme vueltas y se me nubló la vista.
Me despertó un fuerte sonido, seguido de un grito que parecía inhumano. Aún no veía bien y tardé un poco en despertarme del todo. Estaba sentada en un suelo frío, y todo a mi alrededor era de color blanco, excepto una mancha negra que se acercaba a mí a toda velocidad.
¡El pájaro! Estaba otra vez en esa sala. ¿Habría sido solo un sueño? Per él no me dio tiempo para pensar, ya que se abalanzó sobre mí con mucha fuerza. Rodé hacia un lado instintivamente y el pico del gran ave pasó rozando mi espalda. Entonces, sin darme tiempo de reaccionar, volvió a la carga. Esta vez me acertó en el hombro, y el suelo se empezó a cubrir de gotas rojas. Me intenté cubrir la herida con la mano, pero se me empapó de sangre.
Hice un esfuerzo i miré hacia abajo. Lo que vi me dejó sin respiración. El pico del pájaro me había traspasado la carne y había hecho un agujero en mi piel. El contorno de la herida estaba lleno de una espuma verdosa que iba extendiéndose cada vez más, y que hacía que la herida escociera. Al cabo de poco tiempo tenía todo el brazo lleno de esa substancia verde. Supuse que contenía algo tóxico, porque sentí como me mareaba y perdí el conocimiento.
Me desperté de golpe con la cabeza adolorida. Estaba en una habitación completamente blanca. Miré hacia mi hombro, por acto reflejo, pero en el lugar donde tenía que haber la herida solo había una cicatriz rojiza. No había rastro de la espuma verde ni de la sangre. Un poco más despierta, me percaté que estaba tumbada en una cama. Alguien pasó por mi lado, pero no le pude ver porque tenía la vista nublada. Otra persona (no era la misma, lo deduje porque el sonido de sus pasos era más apagado) se acercó a mí y me puso un pañuelo con delante de la nariz. Inmediatamente caí en un sueño profundo, del que no me desperté hasta trece horas después.
El sonido de unas voces me despertó. El hombro ya no me dolía y me habían puesto un vendaje. Me lo quité con cuidado, y ahogué una exclamación. La herida ya no estaba.
Me volvieron al oído las voces de antes, solo que ahora estaban más cerca.
Me acerqué a la puerta, decorada con unos símbolos extraños que estaban grabados alrededor de todo el marco. Era de un extraño color, ni verde ni marrón. Parecía la corteza de un árbol muy viejo, recubierto de musgo. También había símbolos alrededor de la habitación, pero casi no se veían, ya que estaban cubiertas de plantas enredaderas en su mayor parte. Hasta ese momento no me había fijado en que esa habitación no era normal. Parecía que un niño pequeño hubiese cortado un trozo del amazonas y lo hubiera pegado ahí.­­ Las plantas estaban dispuestas desordenadamente, sin ningún sentido. Había flores de todos los colores colgadas del techo, y la cama estaba sujetada por dos ramas muy gruesas. En el centro de la habitación había un árbol. Su tronco era muy ancho, haría tres metros de diámetro. Tenía la misma textura que la puerta. El tronco rugoso y lleno de musgo, pero, desprendía una luz que era la única iluminación de la sala.  El conjunto era desconcertante, pero a la vez maravilloso, y la habitación tenía un halo misterioso, mágico.
Me alejé de la puerta y recorrí con las puntas de los dedos las paredes, que eran un enmarañado de enredaderas y otro tipo de plantas que desconocía pero que eran parecidas a estas, solo que mucho más gruesas y sin hojas. Las plantas desprendían una especie de energía que las envolvía, haciéndolas brillar casi imperceptiblemente.
En ese momento escuché un sonido de pasos que se acercaban. Me metí en la cama de un salto y fingí que dormía.
Efectivamente, en ese momento entró un chico en la habitación. Era delgado y tenía el pelo negro azabache. Los ojos, grandes y expresivos, eran de un precioso color verde jade.  Se movía con la agilidad de un gato. No iba vestido como los otros magos que había visto, sino que llevaba una camisa negra con los bordes verdes y unos pantalones del mismo estilo. No era ropa de mago, pero era cómoda para caminar por esa habitación, ya que una túnica se habría enganchado en las ramas. Parecía que no me había visto, o quizás pensaba que estaba dormida. El muchacho (calculé que no debía tener más de quince años) cruzó la habitación esquivando los tallos y las ramas y salió por una obertura que había al otro lado, y que yo no había visto. Estaba cubierta por una especie de neblina blanca que impedía ver que había más al otro lado, por lo que cuando el chico salió por la obertura, me levanté de la cama y me acerqué a ella. Me apoyé en el alféizar y miré al exterior. La neblina era sofocante, y producía un efecto claustrofóbico, ya que era muy densa. A pesar de eso, decidí seguir al misterioso chico.
Pasé a través del agujero con facilidad, ya que estaba muy delgada. A través de la niebla no veía nada, por lo que tuve que caminar a ciegas durante un buen rato.
Al fin la niebla se empezó a disipar y pude ver alguna cosa. 

dimecres, 9 de maig del 2012

Capítulo 5: La prueba


Entonces la masa negra se transformó en un gigantesco y aterrador pájaro negro que se abalanzó contra mí brutalmente.
Intenté esquivarlo, pero fui demasiado lenta y me acertó de pleno. Salí disparada unos cuantos metros hacia atrás. Milagrosamente, no me había hecho daño.
Esta vez me concentre más y logré desviar mi atención del pájaro negro. Cerré los ojos otra vez y busqué en mi interior la magia.
Empecé a notar un cosquilleo en las palmas de las manos. Entonces supe lo que tenía que hacer.
Me levanté y me acerqué como pude al pájaro negro, con las manos extendidas hacia delante.
El pájaro se giró hacia mí pero no estuvo a tiempo de reaccionar. Le puse las manos entre las plumas, a la altura de la barriga. Noté como una descarga eléctrica me recorría por dentro. El pájaro chilló y yo hice el gesto de taparme los oídos con las manos, pero recordé que las tenía llenas de energía y me contuve. Entonces se oyó un ruido como de explosión y el pájaro se desintegró delante de mí.
Sentí una fuerza que me arrastraba de nuevo y me dejé llevar. Aparecí de repente en la sala en la que estaba Zura, sonriéndome amablemente.
-Has pasado la prueba muy bien- me dijo- Seguramente estarás cansada
Yo asentí con la cabeza. Bueno, no estaba cansada. Estaba exhausta.
Me senté en una de las sillas que rodeaban la mesa. Hasta ese momento no me di cuenta de que brillaba con más fuerza.
En ese momento entró Kyanh en la habitación. Ythor no lo seguía.
-Bueno, has superado la prueba. Enhorabuena.
No se le pudo escapar el tono de urgencia, así que le pregunté:
-¿Te pasa algo, Kyanh? Te veo algo nervioso.
Kyanh dudó un poco antes de contestar.
-Los humanos nos han descubierto. Vienen hacia aquí.

dijous, 26 d’abril del 2012

Capítulo 4: Saca tu poder


De repente, de detrás de la puerta salió una mujer vestida con una túnica igual a la de Kyanh. Tenía el pelo de un tono extrañamente verde, y los ojos azules. La mujer se acercó a Kyanh y le dijo algo que no llegué a oír. Él asintió y se giró hacia mí.

-Sarah, esta es Zura. -dijo –Ella comprobará si eres maga.
-¿Y si no… y si no lo soy? -pregunté
-Mírate. El pelo blanco, los ojos verdes… ¿No sabías que son características muy comunes entre los magos? Sería extraño que no lo fueras.
Tenía razón. Desde muy pequeña había tenido el pelo blanco, pero nunca había pensado que eso era común entre los magos.
-Bueno, ¿preparada para empezar?-me preguntó Zura.
Yo asentí en silencio, aún un poco aturdida. Si hubiese sabido lo que me esperaba, no habría dicho que si tan rápidamente.
Zura se giró hacia Kyanh.
-Bueno, ya sabes lo que tienes que hacer.-le dijo
Kyanh dio media vuelta, llevándose a Ythor consigo, que hasta ese momento se había quedado al lado del mago.
Me quedé a solas en la habitación con Zura. De repente, todas las luces se apagaron y la habitación de quedó a oscuras.
Entonces Zura me hizo señas para que me acercara a la mesa que había visto antes. Cuando estuve a su lado me hizo poner las manos encima y me di cuenta que vibraba, como me había parecido antes. Noté un cosquilleo en las palmas de las manos y vi que me brillaban con un leve resplandor plateado, como el de la mesa. Miré a Zura, pero ella se limitó a sonreírme.
Entonces noté una sensación extraña en los dedos y miré hacia mis manos. ¡Se estaban fundiendo con la mesa! Grité, pero Zura se limitó a mirarme tranquilamente con sus ojos azules.
Entonces noté como caía, y caía, y caía… y choqué contra una superficie dura.
Me levanté a duras penas y miré a mí alrededor. Me encontraba en un espacio muy amplio, en una sala enorme, no llegaba a ver los límites. No había muebles, ni puertas ni ventanas. El suelo era liso y resbaloso. Todo estaba cubierto de una neblina plateada que me hacía perder el sentido de la orientación y el tiempo.
Entonces se oyó un chasquido y un sonoro ¡plaf! resonó por toda la sala. Pude ver una forma oscura que impactaba contra el suelo i se esparcía por el rápidamente. Me acerqué cautelosamente a él, intentando no pisar la masa negra que cubría el suelo rápidamente.
Entonces empezó a regenerarse de nuevo, juntándose en una sola figura.
<<No temas>> resonó la voz de Zura en mi cabeza. <<Busca en tu interior la magia i úsala>>
Intente hacerle caso, pero la forma negra tomaba forma delante de mí rápidamente.

diumenge, 15 d’abril del 2012

Capítulo 3: La historia de Sienh


-Hace muchos millones de años, los magos y los humanos vivíamos en Sienh, nuestro planeta. Durante mucho tiempo convivimos juntos, hasta que un rey humano dijo que los magos nos aprovechábamos de nuestro poder para controlarlos y gobernar Sienh. Hubo una batalla, y, por desgracia, perdimos. Los humanos ejecutaron a muchos magos, y por eso vinimos aquí.
-Y ese hombre que estaba en mi casa, ¿Quién era?
-Un mago de los nuestros. Tuvimos que hacer que te durmieses para llevarte hasta aquí, ya que no hubieras querido-dijo riendo
 -¿Y esa bola de fuego que era?-pregunté.
-Es el corazón de este planeta. Como supongo que ya has visto antes, Shûryn está completamente cubierto de nieve, así que necesitamos algo para no congelarnos. Gracias a esa bola de fuego se mantiene caliente. Los símbolos que hay en las paredes son mágicos e impiden que queme al que entre en la sala- me explicó él, mirándome acusadoramente.
Yo enrojecí visiblemente.
Continuamos caminando un rato en silencio.
-¿Y por qué me llevasteis con vosotros?-pregunté de repente.
Kyanh se paró de golpe y me choqué contra él. Se giró y me miró a los ojos, repentinamente serio.
-Porqué creemos que eres una maga.
-Yo… ¿una maga?
Kyanh continuó caminando.
-Aunque lo tendríamos que comprobar antes -dijo en voz baja.
-¿Que decías?- le pregunté
-Nada, solo pensaba en voz alta.
Parecía muy concentrado en sus pensamientos, así que decidí no molestarlo. Pero todo y así continué meditando en lo que me había dicho Kyanh. No podía ser que fuera una maga. Nunca había dado muestras de tener algún poder especial, ni cuando estaba en algún sitio pasaban cosas raras.
En ese momento llegamos a una puerta, supuestamente nuestra destinación, ya que Kyanh se paró delante mismo de ella.
Entramos en una sala amplia, decorada con dibujos de seres fantásticos, como faunos, dragones, grifos, sirenas, hadas…
En el centro de la sala había una mesa redonda, que emitía un suave resplandor plateado.
Me fijé más y me pareció ver que vibraba, pero no podía asegurarme, ya que estaba bastante lejos de ella como para verlo bien.
De repente oí un grito:
-¡Kyanh!

dilluns, 9 d’abril del 2012

Capítulo 2: Shûryn, la tierra de los magos


Al despertarme, vi que me encontraba en un lugar extraño. Todo a mí alrededor daba vueltas. Cuando pude pensar con más claridad, vi que estaba envuelta en llamas. Y aún estaba viva. También pude distinguir dos siluetas negras al otro lado del fuego.
Quise gritar para que me ayudaran, pero el ruido de las llamas apagaba mi voz.
Entonces recordé lo que me había pasado. Estaba dentro de la bola de fuego y no sabía cómo salir.
Entonces una de esas formas negras, supuse que era una persona, me dijo:
-No te preocupes. ¡Nosotros te sacaremos de aquí!
-¿Quién sois vosotros?-pregunté, pero no me oyeron.
Uno de ellos dijo algo en un idioma extraño y se abrió una brecha en medio del fuego. Sin dudar, salté al otro lado y aterricé en el suelo.
Entonces levanté la vista y vi a dos hombres de pie, que también me miraban.
Uno de ellos tenía la cara tapada por un pañuelo. Solo se le veían los ojos, de color negro. Tenía la piel muy oscura. El otro llevaba una túnica de color azul y tenía los ojos de un tono marrón muy claro. Su pelo negro estaba recogido en una trenza que le llegaba hasta la cintura. Parecía muy joven, pero en realidad era muy viejo.
Tenían un aspecto que me era extrañamente familiar.
-¿Quién sois vosotros?-volví a preguntar.
-Yo soy Kyanh, el mago-dijo el de la túnica azul- Y este es Ythor. No habla tu idioma -dijo al ver que iba a preguntarle algo.
-¡¿Eres mago?!-no me lo podía creer- pero… ¿dónde estoy? ¿Y que era esa bola de fuego?
Kyanh sonrió:
-Si no me equivoco, tú te llamas Sarah, no es así?
-¿Cómo lo sabes?
-Es una de las cosas buenas de ser mago -respondió él simplemente.-Bueno, respondiendo a tu pregunta, estas en Shûryn.
-¿Cómo?- ese nombre no me sonaba de nada.
- Shûryn és la tierra de los magos -le explicó Kyanh.- Hace muchos siglos nos expulsaron de nuestro mundo, Kuth, y nos refugiamos en este planeta. Por desgracia, ahora no podemos volver y estamos destinados a quedarnos aquí para siempre.
-¿Ythor es mago también?
-No, él no lo es.
-¿Y entonces porqué está aquí?- pregunté con curiosidad
-Sus padres murieron en la batalla y yo me ocupé de él
-¿La batalla? ¿Qué batalla? –cada vez estaba más confusa
Kyanh suspiró.
-Bueno, creo que tendré que explicártelo todo de nuevo. Pero primero vámonos de esta habitación, ¡hace un calor insoportable!
Yo estuve de acuerdo. Kyanh me guió a través de los pasillos, atravesando puertas, mientras me iba explicando la historia de su planeta.

dimarts, 3 d’abril del 2012

Capitulo 1: El extraño hombre y la bola de fuego


Estaba en casa cuando él apareció. Un hombre alto y de avanzada edad, de ojos cansados pero mirada severa. Se paró delante mismo de la puerta y dijo:
-Ven conmigo.
De repente empecé a temblar, no por la presencia de aquel hombre en la estancia. Su voz sonaba tranquila, pero había en ella una cosa que me asustaba hasta el punto de salir corriendo para no volver atrás. Pero no lo hice, presa por un terror que me hacía quedarme quieta. Intenté gritar, pero de mi boca no salía ningún sonido.
Entonces cometí el error de mirarlo a los ojos. Había algo aterrador en ellos. Sus ojos grises se clavaron en los míos, verdes, y sentí cómo perdía el conocimiento.

Me desperté varias horas más tarde, con un fuerte dolor de cabeza. Intenté levantarme, pero solo conseguí caerme al suelo. Me maldije por ser tan débil,  pero no me di por vencida.
Al cabo de varios intentos conseguí levantarme y dar unos pasos hasta la ventana. Me asomé para mirar a fuera y una violenta ráfaga de aire frío me golpeó en la cara.
Ya totalmente despejada, miré a fuera. Me sorprendió ver que estaba completamente nevado. No había nadie por allí así que salí de mi habitación.
Me encontraba en un pasillo húmedo, iluminado con antorchas. Las paredes y los suelos estaban cubiertos de símbolos extraños, en un idioma que yo desconocía. Había algunas puertas, todas cerradas.
De repente oí unas voces que se acercaban y busqué un lugar para esconderme. A la punta del pasillo vi una puerta abierta y corrí hacia ella para que no me vieran. Cerré la puerta tras de mí.
Lo primero que sentí en entrar en la habitación fue calor. Me giré y lo que vi me dejó sin respiración.
La sala estaba decorada con los mismos símbolos que los que había  visto en el pasillo, solo que estos brillaban de una manera muy extraña. En las paredes había estantes llenos de libros que parecía que hacía tiempo que no se leían, por la fina capa de polvo que los cubría.
Pero no era eso lo que impresionaba realmente.
En el centro mismo de la sala había una enorme bola de fuego daba vueltas sobre sí misma lentamente.
Me quedé muda de la sorpresa. Pero lo que me sorprendió más era que yo aún no estuviera quemando.
Entonces los símbolos de las paredes empezaron a brillar con más fuerza, hasta que me deslumbraron tanto que tuve que apartar la vista. Sin ver aún me acerqué a la bola de fuego, que empezó a girar más rápidamente. Sin darme cuenta, la toqué, y sentí que me atraía. Grité de terror, pero ya era demasiado tarde.
En el momento que desaparecía entre las llamas, dos personas interrumpieron en la habitación.