Estaba en casa cuando él apareció. Un hombre alto y de avanzada edad, de ojos cansados pero mirada severa. Se paró delante mismo de la puerta y dijo:
-Ven conmigo.
De repente empecé a temblar, no por la presencia de aquel hombre en la estancia. Su voz sonaba tranquila, pero había en ella una cosa que me asustaba hasta el punto de salir corriendo para no volver atrás. Pero no lo hice, presa por un terror que me hacía quedarme quieta. Intenté gritar, pero de mi boca no salía ningún sonido.
Entonces cometí el error de mirarlo a los ojos. Había algo aterrador en ellos. Sus ojos grises se clavaron en los míos, verdes, y sentí cómo perdía el conocimiento.
Me desperté varias horas más tarde, con un fuerte dolor de cabeza. Intenté levantarme, pero solo conseguí caerme al suelo. Me maldije por ser tan débil, pero no me di por vencida.
Al cabo de varios intentos conseguí levantarme y dar unos pasos hasta la ventana. Me asomé para mirar a fuera y una violenta ráfaga de aire frío me golpeó en la cara.
Ya totalmente despejada, miré a fuera. Me sorprendió ver que estaba completamente nevado. No había nadie por allí así que salí de mi habitación.
Me encontraba en un pasillo húmedo, iluminado con antorchas. Las paredes y los suelos estaban cubiertos de símbolos extraños, en un idioma que yo desconocía. Había algunas puertas, todas cerradas.
De repente oí unas voces que se acercaban y busqué un lugar para esconderme. A la punta del pasillo vi una puerta abierta y corrí hacia ella para que no me vieran. Cerré la puerta tras de mí.
Lo primero que sentí en entrar en la habitación fue calor. Me giré y lo que vi me dejó sin respiración.
La sala estaba decorada con los mismos símbolos que los que había visto en el pasillo, solo que estos brillaban de una manera muy extraña. En las paredes había estantes llenos de libros que parecía que hacía tiempo que no se leían, por la fina capa de polvo que los cubría.
Pero no era eso lo que impresionaba realmente.
En el centro mismo de la sala había una enorme bola de fuego daba vueltas sobre sí misma lentamente.
Me quedé muda de la sorpresa. Pero lo que me sorprendió más era que yo aún no estuviera quemando.
Entonces los símbolos de las paredes empezaron a brillar con más fuerza, hasta que me deslumbraron tanto que tuve que apartar la vista. Sin ver aún me acerqué a la bola de fuego, que empezó a girar más rápidamente. Sin darme cuenta, la toqué, y sentí que me atraía. Grité de terror, pero ya era demasiado tarde.
En el momento que desaparecía entre las llamas, dos personas interrumpieron en la habitación.
Hola a todos!
ResponEliminaEspero que os guste este blog.
Voy a publicar un capítulo cada semana. si alguna semana no lo publico, perdonadme porfavor, tengo mucha faena.
Gracias a todos!
Lunnaris
ja mel llegiré!
ResponEliminacrec ke sera xulu!
pues letelo ya que es chulisimo!
ResponEliminaole esa lunnaris
haha gracies! :)
EliminaEscriu ya en el teu blog no?