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dijous, 26 d’abril del 2012

Capítulo 4: Saca tu poder


De repente, de detrás de la puerta salió una mujer vestida con una túnica igual a la de Kyanh. Tenía el pelo de un tono extrañamente verde, y los ojos azules. La mujer se acercó a Kyanh y le dijo algo que no llegué a oír. Él asintió y se giró hacia mí.

-Sarah, esta es Zura. -dijo –Ella comprobará si eres maga.
-¿Y si no… y si no lo soy? -pregunté
-Mírate. El pelo blanco, los ojos verdes… ¿No sabías que son características muy comunes entre los magos? Sería extraño que no lo fueras.
Tenía razón. Desde muy pequeña había tenido el pelo blanco, pero nunca había pensado que eso era común entre los magos.
-Bueno, ¿preparada para empezar?-me preguntó Zura.
Yo asentí en silencio, aún un poco aturdida. Si hubiese sabido lo que me esperaba, no habría dicho que si tan rápidamente.
Zura se giró hacia Kyanh.
-Bueno, ya sabes lo que tienes que hacer.-le dijo
Kyanh dio media vuelta, llevándose a Ythor consigo, que hasta ese momento se había quedado al lado del mago.
Me quedé a solas en la habitación con Zura. De repente, todas las luces se apagaron y la habitación de quedó a oscuras.
Entonces Zura me hizo señas para que me acercara a la mesa que había visto antes. Cuando estuve a su lado me hizo poner las manos encima y me di cuenta que vibraba, como me había parecido antes. Noté un cosquilleo en las palmas de las manos y vi que me brillaban con un leve resplandor plateado, como el de la mesa. Miré a Zura, pero ella se limitó a sonreírme.
Entonces noté una sensación extraña en los dedos y miré hacia mis manos. ¡Se estaban fundiendo con la mesa! Grité, pero Zura se limitó a mirarme tranquilamente con sus ojos azules.
Entonces noté como caía, y caía, y caía… y choqué contra una superficie dura.
Me levanté a duras penas y miré a mí alrededor. Me encontraba en un espacio muy amplio, en una sala enorme, no llegaba a ver los límites. No había muebles, ni puertas ni ventanas. El suelo era liso y resbaloso. Todo estaba cubierto de una neblina plateada que me hacía perder el sentido de la orientación y el tiempo.
Entonces se oyó un chasquido y un sonoro ¡plaf! resonó por toda la sala. Pude ver una forma oscura que impactaba contra el suelo i se esparcía por el rápidamente. Me acerqué cautelosamente a él, intentando no pisar la masa negra que cubría el suelo rápidamente.
Entonces empezó a regenerarse de nuevo, juntándose en una sola figura.
<<No temas>> resonó la voz de Zura en mi cabeza. <<Busca en tu interior la magia i úsala>>
Intente hacerle caso, pero la forma negra tomaba forma delante de mí rápidamente.

diumenge, 15 d’abril del 2012

Capítulo 3: La historia de Sienh


-Hace muchos millones de años, los magos y los humanos vivíamos en Sienh, nuestro planeta. Durante mucho tiempo convivimos juntos, hasta que un rey humano dijo que los magos nos aprovechábamos de nuestro poder para controlarlos y gobernar Sienh. Hubo una batalla, y, por desgracia, perdimos. Los humanos ejecutaron a muchos magos, y por eso vinimos aquí.
-Y ese hombre que estaba en mi casa, ¿Quién era?
-Un mago de los nuestros. Tuvimos que hacer que te durmieses para llevarte hasta aquí, ya que no hubieras querido-dijo riendo
 -¿Y esa bola de fuego que era?-pregunté.
-Es el corazón de este planeta. Como supongo que ya has visto antes, Shûryn está completamente cubierto de nieve, así que necesitamos algo para no congelarnos. Gracias a esa bola de fuego se mantiene caliente. Los símbolos que hay en las paredes son mágicos e impiden que queme al que entre en la sala- me explicó él, mirándome acusadoramente.
Yo enrojecí visiblemente.
Continuamos caminando un rato en silencio.
-¿Y por qué me llevasteis con vosotros?-pregunté de repente.
Kyanh se paró de golpe y me choqué contra él. Se giró y me miró a los ojos, repentinamente serio.
-Porqué creemos que eres una maga.
-Yo… ¿una maga?
Kyanh continuó caminando.
-Aunque lo tendríamos que comprobar antes -dijo en voz baja.
-¿Que decías?- le pregunté
-Nada, solo pensaba en voz alta.
Parecía muy concentrado en sus pensamientos, así que decidí no molestarlo. Pero todo y así continué meditando en lo que me había dicho Kyanh. No podía ser que fuera una maga. Nunca había dado muestras de tener algún poder especial, ni cuando estaba en algún sitio pasaban cosas raras.
En ese momento llegamos a una puerta, supuestamente nuestra destinación, ya que Kyanh se paró delante mismo de ella.
Entramos en una sala amplia, decorada con dibujos de seres fantásticos, como faunos, dragones, grifos, sirenas, hadas…
En el centro de la sala había una mesa redonda, que emitía un suave resplandor plateado.
Me fijé más y me pareció ver que vibraba, pero no podía asegurarme, ya que estaba bastante lejos de ella como para verlo bien.
De repente oí un grito:
-¡Kyanh!

dilluns, 9 d’abril del 2012

Capítulo 2: Shûryn, la tierra de los magos


Al despertarme, vi que me encontraba en un lugar extraño. Todo a mí alrededor daba vueltas. Cuando pude pensar con más claridad, vi que estaba envuelta en llamas. Y aún estaba viva. También pude distinguir dos siluetas negras al otro lado del fuego.
Quise gritar para que me ayudaran, pero el ruido de las llamas apagaba mi voz.
Entonces recordé lo que me había pasado. Estaba dentro de la bola de fuego y no sabía cómo salir.
Entonces una de esas formas negras, supuse que era una persona, me dijo:
-No te preocupes. ¡Nosotros te sacaremos de aquí!
-¿Quién sois vosotros?-pregunté, pero no me oyeron.
Uno de ellos dijo algo en un idioma extraño y se abrió una brecha en medio del fuego. Sin dudar, salté al otro lado y aterricé en el suelo.
Entonces levanté la vista y vi a dos hombres de pie, que también me miraban.
Uno de ellos tenía la cara tapada por un pañuelo. Solo se le veían los ojos, de color negro. Tenía la piel muy oscura. El otro llevaba una túnica de color azul y tenía los ojos de un tono marrón muy claro. Su pelo negro estaba recogido en una trenza que le llegaba hasta la cintura. Parecía muy joven, pero en realidad era muy viejo.
Tenían un aspecto que me era extrañamente familiar.
-¿Quién sois vosotros?-volví a preguntar.
-Yo soy Kyanh, el mago-dijo el de la túnica azul- Y este es Ythor. No habla tu idioma -dijo al ver que iba a preguntarle algo.
-¡¿Eres mago?!-no me lo podía creer- pero… ¿dónde estoy? ¿Y que era esa bola de fuego?
Kyanh sonrió:
-Si no me equivoco, tú te llamas Sarah, no es así?
-¿Cómo lo sabes?
-Es una de las cosas buenas de ser mago -respondió él simplemente.-Bueno, respondiendo a tu pregunta, estas en Shûryn.
-¿Cómo?- ese nombre no me sonaba de nada.
- Shûryn és la tierra de los magos -le explicó Kyanh.- Hace muchos siglos nos expulsaron de nuestro mundo, Kuth, y nos refugiamos en este planeta. Por desgracia, ahora no podemos volver y estamos destinados a quedarnos aquí para siempre.
-¿Ythor es mago también?
-No, él no lo es.
-¿Y entonces porqué está aquí?- pregunté con curiosidad
-Sus padres murieron en la batalla y yo me ocupé de él
-¿La batalla? ¿Qué batalla? –cada vez estaba más confusa
Kyanh suspiró.
-Bueno, creo que tendré que explicártelo todo de nuevo. Pero primero vámonos de esta habitación, ¡hace un calor insoportable!
Yo estuve de acuerdo. Kyanh me guió a través de los pasillos, atravesando puertas, mientras me iba explicando la historia de su planeta.

dimarts, 3 d’abril del 2012

Capitulo 1: El extraño hombre y la bola de fuego


Estaba en casa cuando él apareció. Un hombre alto y de avanzada edad, de ojos cansados pero mirada severa. Se paró delante mismo de la puerta y dijo:
-Ven conmigo.
De repente empecé a temblar, no por la presencia de aquel hombre en la estancia. Su voz sonaba tranquila, pero había en ella una cosa que me asustaba hasta el punto de salir corriendo para no volver atrás. Pero no lo hice, presa por un terror que me hacía quedarme quieta. Intenté gritar, pero de mi boca no salía ningún sonido.
Entonces cometí el error de mirarlo a los ojos. Había algo aterrador en ellos. Sus ojos grises se clavaron en los míos, verdes, y sentí cómo perdía el conocimiento.

Me desperté varias horas más tarde, con un fuerte dolor de cabeza. Intenté levantarme, pero solo conseguí caerme al suelo. Me maldije por ser tan débil,  pero no me di por vencida.
Al cabo de varios intentos conseguí levantarme y dar unos pasos hasta la ventana. Me asomé para mirar a fuera y una violenta ráfaga de aire frío me golpeó en la cara.
Ya totalmente despejada, miré a fuera. Me sorprendió ver que estaba completamente nevado. No había nadie por allí así que salí de mi habitación.
Me encontraba en un pasillo húmedo, iluminado con antorchas. Las paredes y los suelos estaban cubiertos de símbolos extraños, en un idioma que yo desconocía. Había algunas puertas, todas cerradas.
De repente oí unas voces que se acercaban y busqué un lugar para esconderme. A la punta del pasillo vi una puerta abierta y corrí hacia ella para que no me vieran. Cerré la puerta tras de mí.
Lo primero que sentí en entrar en la habitación fue calor. Me giré y lo que vi me dejó sin respiración.
La sala estaba decorada con los mismos símbolos que los que había  visto en el pasillo, solo que estos brillaban de una manera muy extraña. En las paredes había estantes llenos de libros que parecía que hacía tiempo que no se leían, por la fina capa de polvo que los cubría.
Pero no era eso lo que impresionaba realmente.
En el centro mismo de la sala había una enorme bola de fuego daba vueltas sobre sí misma lentamente.
Me quedé muda de la sorpresa. Pero lo que me sorprendió más era que yo aún no estuviera quemando.
Entonces los símbolos de las paredes empezaron a brillar con más fuerza, hasta que me deslumbraron tanto que tuve que apartar la vista. Sin ver aún me acerqué a la bola de fuego, que empezó a girar más rápidamente. Sin darme cuenta, la toqué, y sentí que me atraía. Grité de terror, pero ya era demasiado tarde.
En el momento que desaparecía entre las llamas, dos personas interrumpieron en la habitación.